sábado, 16 de agosto de 2014

El hombre y ella



El hombre y ella



“Soñé que tú existías, en ese breve espacio en donde solemos guardar nuestros deseos, sin saber diferenciar entre la ficción y la realidad, sin embargo, el sentimiento es palpable, verdadero, cierto, tan genuino como tu rostro, bello, atractivo, hermoso, que hace juego con tus ojos adornadas con tu pestañas y cejas.

Si, Soñé que tú existías, tan veraz como tu belleza y el perfume de tu aliento”.

Paulino Lucas Vázquez.



El hombre solía plasmar sus ideas en la roca,
ella, en muchas ocasiones era su inspiración,
el hijo trataba de aprender, los hermanos miraban,
el cincel sonaba y el hombre le dijo a ella,
“soñé que tú existías, soñé que tú existías”.

Ella sonreía a manera de gratitud, mientras
alimentaba a su hijo y hermanos,
el hombre trabajaba para ella y ellos,
habían creado su propio Edén,
ella era amable, ella era muy amable.

El hijo trabajó la tierra, los hermanos miraban,
el fruto creció, ellos comieron,
la amabilidad fue heredada en la
espalda del hijo y ella exclamó,
“todos somos de todos, todos somos de todos”.

Los hermanos repartieron la tierra,
vivieron sobre la espalda amable del hijo,
el hombre lo plasmó en la roca,
los hermanos dividieron los corazones,
ellos destruyeron el Edén, ellos destruyeron el Edén.

El hombre envejeció, ella solía aún estar a su lado,
fueron buenos tiempos hasta que se marchitó la última flor,
el hombre cerró los ojos, ella lo hizo después,
los hermanos siguieron mirando, el hijo plasmó su herencia en la piedra,
“aparté mis ojos para ti, aparté mis ojos para ti”.

Paulino Lucas Vázquez.

martes, 29 de octubre de 2013

Cada detalle de ti




Cada detalle de ti

Cada que les hablo yo de ti, 
mis palabras describen tu ser, 
de los aviones de papel, 
que tus frágiles manos pudieron hacer, 
vaya que, tus frágiles manos pudieron hacer.

 Cada detalle de ti, es lo que les puedo decir.

Algunas veces me siento solo,
de esas veces en que lo creo tener todo,
pienso que a mi lado tú estás,
y mis miedos se me van,
vaya que sí, mis miedos se me van.

Cada detalle de ti, es lo que les puedo decir.

Creo que eres mi cima más alta,
de esas montañas que rebasan las nubes,
te capturaría en una fotografía,
para tenerte siempre frente de mí,
vaya que sí, siempre frente de mí.

Cada detalle de ti, es lo que les puedo decir.

Eres lo que algún día yo creí,
de esos sueños que nunca se harían realidad,
cuando mis oídos escuchan tu voz,
todo mi ser vuelve a vivir,
vaya que sí, todo mi ser vuelve a vivir.

Cada detalle de ti, es lo que les puedo decir.

Cada cosa que tú hagas,
si tú quieres yo también lo podría hacer,
mentir es muy fácil, pero tú eres mi verdad,
así de puro es mi sentir,
vaya que, así de puro es mi sentir.

Cada detalle de ti, es lo que les puedo decir.

                                                      Paulino Lucas Vázquez.




domingo, 25 de noviembre de 2012


Dulce Tierra

Si tuviera yo la respuesta, diría que
nada se perdió, porque en realidad nada fue tuyo.
Ahora, nuestra libertad, que por la sangre nos la dieron,
se siente bien, con muchas ganas de tener un destino,
así como nuestros vecinos, como en nuestros mejores sueños nos la dictaron.

Cada parte de mi carne fluye la dulce tierra,
flotando en el asfalto, flotando en mis memorias,
porque entre los sentimientos se cuelgan en mi cuello
cada que tú tomas mi mano,
y nos miramos preguntándonos ¿Qué sigue?

Noche tras noche, nuestros rumores corren entre las paredes,
allá fuera la bandera ondea en el silencio del viento,
como el silencio de nuestros derechos,
tanto así, como nuestras peticiones son silenciadas por nuestros hechos,
vendiendo el dinero barato al teléfono.

Nunca cortaste la cadena, nunca pretendías morir,
simplemente porque antes de mí ya habías muerto.
Siempre hiciste algunas especies de sonrisas,
dejaste tu cuerpo a lado de la playa, con ello tus huellas,
y el silencio de tu alma, se resume en cinco letras: falsa.

Desde que nuestra campana sonó al amanecer,
abrí mi caja para ti, ¿Qué vas hacer?
¿Es nuestro lado tierno de la historia?
Si tuviera yo la respuesta, diría que,
haz lo que a tu gusto creas conveniente.

                                                                       Paulino Lucas Vázquez.

Buenos cómplices
  
 Margaritas marchitas en el umbral de la sien de la roca.
Luna sombría, nos toma el pelo con su falsa luz en el camino que no hemos trazado.
Sobre las mantas del aliento, aliento soberbio.
Luz sombría en el fuego, silueta que imagina la vida.
Muero en cada atardecer, cuando no estás a mi lado,
viajando en la mente del pasado añorado la vieja mirada hacia el horizonte,
tocando la silueta de tus dedos, escuchando a tus pulmones, atravesando tu alma,
saciando tu sed,
derramando mis lágrimas para hidrartar tu alma.
Vagando en tu cabeza, volteando para saber que existes,
esculpiendo imágenes en mi mente,
esculpiendo nuestros sueños,
mordiendo el cabello, canas de nuevos atributos.
Si alguna vez te he engañado, supongo que sabrás perdonarme.
En el luto de la plaza vacía, ahí estaré,  reclamando lo pertenecido.
Por cada roca, por cada piedra, en sus tierras nos llaman,
nos visitan, nos cantan.
Cada mañana, fielmente repitiendo el mismo sermón.
Así es cómo se manifiesta la nueva luz.
Vaya…¿A quien le importará la nueva luz?
Es el mismo camino de ayer.
Esta es la rota y sangrante vena, que nos tapará los ojos en ella,
cómo anochecer en polvo blanco.
Y cantaremos esa estrofa que tú me enseñaste,
cómo en cada otoño, cómo en cada hoja pisada, no volveré, no volveré.
Y en mi huella sentirás mi presencia, cómo si estuviera apuntándote,
señalándote, sentenciándote, acariciando en tu sombra la poca soberbia.
¡Tú me quieres dar la vuelta! ¡Tú me quieres dar la vuelta!
Puedo intuir lo que piensas, buscas la niebla en el cielo.
¿Sabes lo que yo quiero?, Volabas con la alfombra cómo cada miércoles,
cargando el ataúd, con rosas, blancas, rojas, marchitas, espinosas.
Con todas las voces que tienes, haz contado la historia de nuestras fallas,
de nuestros aciertos y nos dibujas cómo las personas que sabemos extrañar.
Supongo que no estaremos lejos, y aquí he de confesar, que siempre supe de ti.



                                 
                             Paulino Lucas Vázquez.
                                       Guadalupe Aguilar Apanco.

Pedazo de luna

Bajo el sol en su tierra,
en tono carmesí, hunden sus miradas en fiebre.
Laberinto en lo alto nos copia, ajeno a la voluntad.
Alguien sopla y alguien calla en la arena de un reloj.
Extranjero en pasaje del tiempo indica la obra,
obra que no ha de acabar en la jornada.
El golpeteo matutino, el pordiosero hecho en vino,
le dictan a las ramas de otoño, que el nulo amigo se ha perdido.
En nuestro recuerdo echan ecos, sublime fuerza incapaz,
como el parto de alegría y dolor.
Tú cortas los pétalos, tú siembras la neblina,
lo haces indeciso al cerrar los ojos,
dejas entrar la vanidad.
Probablemente se detengan las certidumbres a la media noche.
Cantas la misma letra en distintos colores,
y al amanecer, seguirás pastando.
Caminaremos sobre el barro quebradizo,
en piedras húmedas de manera cautelosa,
sabrás que eres un pedazo de luna en tu tierra ajena.
Acarreando años sobre los muslos.
Y en cada voz, se repite lo que anunció,
porque  no temerás volver una vez más
caminar sobre nuestras calles.
Es cuando gritarás  cerrando la puerta,
y esconderás la llave como un antiguo en nuestros tiempos.
Y nos miran, y nos retan
en cada ola, en cada espasmo del viento cortante.
Nos atraviesan, tirando la luz a la sien,
hasta que el carmesí cambie de tonalidad,
y nos haga ver en pos de sí,
el último sol del día.

                                                                         
                                                                                  Paulino Lucas Vázquez.

sábado, 24 de noviembre de 2012


El engaño de la serpiente

¿Recuerdas  aquel hombre
quien traicionó a su alma?
Solo le bastó morder su infancia,
y dejar muerta su puerta,
fue la única noticia del mundo.
Y él mismo se vio nacer,
tan pronto comenzó el otoño,
buscó un árbol para esconderse,
y nadie lo encontró.

¿Recuerdas  aquella mujer
quien le acompaño?
De pelo largo y negro,
de puños cerrados,
que escupía rarezas de su boca.

Nadie les avisó donde
estaban exactamente,
ni cuando anochecería.

Sólo les contaron una historia
cómo único argumento de vida,
y realmente creyeron,
nadie les obligó a no entender
entre la sobriedad del pasto que muerden.

Haciéndose entender entre si,
que pasaran sus días
sin nunca saber porque se encontraron.


                                                                       Paulino Lucas Vázquez.

Grítame

No hay luz que encender,
no hay piedra que levantar
ni serpiente que buscar.
El cuerpo no se enterrará
en medio de la primavera.
Nace la fragilidad
en su nicho de sensibilidad
bajo el color real del polvo.

No hay letras que buscar,
no hay números que macar,
ni aromas que oler,
llévate la mirada
al último agujero que encuentres
y procura no dejar la cruz.
Ni tu nombre marcado en ella
deja que el sol te tire al suelo.

No sabes si la puerta se mantendrá en pie,
si alguien ha cruzado en ella.
No sabes que es fallar,
en realidad no sabes como ganar,
siempre te convences con falsedad
teñido en tres colores
y arrastrando en tu manto
el vino de tu salud.

Sabes que coincidimos,
al menos en algún momento,
sabes que hemos querido
mirar al mismo punto.
Las horas nos han alcanzado,
el sistema nos ha caducado,
perdimos las huellas de regreso
y el miedo no nos salvó.

                                                           Paulino Lucas Vázquez.