martes, 29 de octubre de 2013

Cada detalle de ti




Cada detalle de ti

Cada que les hablo yo de ti, 
mis palabras describen tu ser, 
de los aviones de papel, 
que tus frágiles manos pudieron hacer, 
vaya que, tus frágiles manos pudieron hacer.

 Cada detalle de ti, es lo que les puedo decir.

Algunas veces me siento solo,
de esas veces en que lo creo tener todo,
pienso que a mi lado tú estás,
y mis miedos se me van,
vaya que sí, mis miedos se me van.

Cada detalle de ti, es lo que les puedo decir.

Creo que eres mi cima más alta,
de esas montañas que rebasan las nubes,
te capturaría en una fotografía,
para tenerte siempre frente de mí,
vaya que sí, siempre frente de mí.

Cada detalle de ti, es lo que les puedo decir.

Eres lo que algún día yo creí,
de esos sueños que nunca se harían realidad,
cuando mis oídos escuchan tu voz,
todo mi ser vuelve a vivir,
vaya que sí, todo mi ser vuelve a vivir.

Cada detalle de ti, es lo que les puedo decir.

Cada cosa que tú hagas,
si tú quieres yo también lo podría hacer,
mentir es muy fácil, pero tú eres mi verdad,
así de puro es mi sentir,
vaya que, así de puro es mi sentir.

Cada detalle de ti, es lo que les puedo decir.

                                                      Paulino Lucas Vázquez.




domingo, 25 de noviembre de 2012


Dulce Tierra

Si tuviera yo la respuesta, diría que
nada se perdió, porque en realidad nada fue tuyo.
Ahora, nuestra libertad, que por la sangre nos la dieron,
se siente bien, con muchas ganas de tener un destino,
así como nuestros vecinos, como en nuestros mejores sueños nos la dictaron.

Cada parte de mi carne fluye la dulce tierra,
flotando en el asfalto, flotando en mis memorias,
porque entre los sentimientos se cuelgan en mi cuello
cada que tú tomas mi mano,
y nos miramos preguntándonos ¿Qué sigue?

Noche tras noche, nuestros rumores corren entre las paredes,
allá fuera la bandera ondea en el silencio del viento,
como el silencio de nuestros derechos,
tanto así, como nuestras peticiones son silenciadas por nuestros hechos,
vendiendo el dinero barato al teléfono.

Nunca cortaste la cadena, nunca pretendías morir,
simplemente porque antes de mí ya habías muerto.
Siempre hiciste algunas especies de sonrisas,
dejaste tu cuerpo a lado de la playa, con ello tus huellas,
y el silencio de tu alma, se resume en cinco letras: falsa.

Desde que nuestra campana sonó al amanecer,
abrí mi caja para ti, ¿Qué vas hacer?
¿Es nuestro lado tierno de la historia?
Si tuviera yo la respuesta, diría que,
haz lo que a tu gusto creas conveniente.

                                                                       Paulino Lucas Vázquez.

Buenos cómplices
  
 Margaritas marchitas en el umbral de la sien de la roca.
Luna sombría, nos toma el pelo con su falsa luz en el camino que no hemos trazado.
Sobre las mantas del aliento, aliento soberbio.
Luz sombría en el fuego, silueta que imagina la vida.
Muero en cada atardecer, cuando no estás a mi lado,
viajando en la mente del pasado añorado la vieja mirada hacia el horizonte,
tocando la silueta de tus dedos, escuchando a tus pulmones, atravesando tu alma,
saciando tu sed,
derramando mis lágrimas para hidrartar tu alma.
Vagando en tu cabeza, volteando para saber que existes,
esculpiendo imágenes en mi mente,
esculpiendo nuestros sueños,
mordiendo el cabello, canas de nuevos atributos.
Si alguna vez te he engañado, supongo que sabrás perdonarme.
En el luto de la plaza vacía, ahí estaré,  reclamando lo pertenecido.
Por cada roca, por cada piedra, en sus tierras nos llaman,
nos visitan, nos cantan.
Cada mañana, fielmente repitiendo el mismo sermón.
Así es cómo se manifiesta la nueva luz.
Vaya…¿A quien le importará la nueva luz?
Es el mismo camino de ayer.
Esta es la rota y sangrante vena, que nos tapará los ojos en ella,
cómo anochecer en polvo blanco.
Y cantaremos esa estrofa que tú me enseñaste,
cómo en cada otoño, cómo en cada hoja pisada, no volveré, no volveré.
Y en mi huella sentirás mi presencia, cómo si estuviera apuntándote,
señalándote, sentenciándote, acariciando en tu sombra la poca soberbia.
¡Tú me quieres dar la vuelta! ¡Tú me quieres dar la vuelta!
Puedo intuir lo que piensas, buscas la niebla en el cielo.
¿Sabes lo que yo quiero?, Volabas con la alfombra cómo cada miércoles,
cargando el ataúd, con rosas, blancas, rojas, marchitas, espinosas.
Con todas las voces que tienes, haz contado la historia de nuestras fallas,
de nuestros aciertos y nos dibujas cómo las personas que sabemos extrañar.
Supongo que no estaremos lejos, y aquí he de confesar, que siempre supe de ti.



                                 
                             Paulino Lucas Vázquez.
                                       Guadalupe Aguilar Apanco.

Pedazo de luna

Bajo el sol en su tierra,
en tono carmesí, hunden sus miradas en fiebre.
Laberinto en lo alto nos copia, ajeno a la voluntad.
Alguien sopla y alguien calla en la arena de un reloj.
Extranjero en pasaje del tiempo indica la obra,
obra que no ha de acabar en la jornada.
El golpeteo matutino, el pordiosero hecho en vino,
le dictan a las ramas de otoño, que el nulo amigo se ha perdido.
En nuestro recuerdo echan ecos, sublime fuerza incapaz,
como el parto de alegría y dolor.
Tú cortas los pétalos, tú siembras la neblina,
lo haces indeciso al cerrar los ojos,
dejas entrar la vanidad.
Probablemente se detengan las certidumbres a la media noche.
Cantas la misma letra en distintos colores,
y al amanecer, seguirás pastando.
Caminaremos sobre el barro quebradizo,
en piedras húmedas de manera cautelosa,
sabrás que eres un pedazo de luna en tu tierra ajena.
Acarreando años sobre los muslos.
Y en cada voz, se repite lo que anunció,
porque  no temerás volver una vez más
caminar sobre nuestras calles.
Es cuando gritarás  cerrando la puerta,
y esconderás la llave como un antiguo en nuestros tiempos.
Y nos miran, y nos retan
en cada ola, en cada espasmo del viento cortante.
Nos atraviesan, tirando la luz a la sien,
hasta que el carmesí cambie de tonalidad,
y nos haga ver en pos de sí,
el último sol del día.

                                                                         
                                                                                  Paulino Lucas Vázquez.

sábado, 24 de noviembre de 2012


El engaño de la serpiente

¿Recuerdas  aquel hombre
quien traicionó a su alma?
Solo le bastó morder su infancia,
y dejar muerta su puerta,
fue la única noticia del mundo.
Y él mismo se vio nacer,
tan pronto comenzó el otoño,
buscó un árbol para esconderse,
y nadie lo encontró.

¿Recuerdas  aquella mujer
quien le acompaño?
De pelo largo y negro,
de puños cerrados,
que escupía rarezas de su boca.

Nadie les avisó donde
estaban exactamente,
ni cuando anochecería.

Sólo les contaron una historia
cómo único argumento de vida,
y realmente creyeron,
nadie les obligó a no entender
entre la sobriedad del pasto que muerden.

Haciéndose entender entre si,
que pasaran sus días
sin nunca saber porque se encontraron.


                                                                       Paulino Lucas Vázquez.

Grítame

No hay luz que encender,
no hay piedra que levantar
ni serpiente que buscar.
El cuerpo no se enterrará
en medio de la primavera.
Nace la fragilidad
en su nicho de sensibilidad
bajo el color real del polvo.

No hay letras que buscar,
no hay números que macar,
ni aromas que oler,
llévate la mirada
al último agujero que encuentres
y procura no dejar la cruz.
Ni tu nombre marcado en ella
deja que el sol te tire al suelo.

No sabes si la puerta se mantendrá en pie,
si alguien ha cruzado en ella.
No sabes que es fallar,
en realidad no sabes como ganar,
siempre te convences con falsedad
teñido en tres colores
y arrastrando en tu manto
el vino de tu salud.

Sabes que coincidimos,
al menos en algún momento,
sabes que hemos querido
mirar al mismo punto.
Las horas nos han alcanzado,
el sistema nos ha caducado,
perdimos las huellas de regreso
y el miedo no nos salvó.

                                                           Paulino Lucas Vázquez.

En nuestra presencia


Si nuestras bocas se juntaran
como lo han hecho nuestras voces,
los tibios amaneceres se redundarían en uno solo,
si las riveras se posaran en el desierto
tal vez nosotros no existiríamos,
ni viéramos las mordidas que a cada noche se resume.
Más vale que las monedas se incendien
antes que entren en sus alfolíes
marcadas por la soberbia que nos atañen.
Nunca pensaste encontrar,
nunca pensamos reflejarnos en el suelo,
cada tono, cada penetrante hora,
se lee en ellas el ruido de nuestro hueco
sin que necesitemos frotar entre las risas,
ni cavar en la arena para encontrar agua,
solo a cuenta gotas que van cayendo en tu piel
recorriéndote como luz de luna en otoño,
esperando tu reacción en trinchera
en el cálido sentimiento expectante,
si en tus imágenes está el robo de mi mano
y cada que tratas abrir la tierra,
y cada que intentas amanecer en la noche,
se resquebrajarían nuestras lenguas
a una sola danza,
sin confusión,
como si no fuera la primera vez
y reconoces, reconocemos
el sabor de los alientos,
de los tonos que se escondían,
ahora nos esconderemos juntos
como las nubes blancas en la lluvia,
sin romper ninguna letra
y acariciar las almas con la vista,
en nuestra presencia
el hecho hablará,
y tú estarás ahí.

                                               Paulino Lucas Vázquez.