domingo, 4 de septiembre de 2016




   Detuviste


Se detuvo mi mundo al mirarte,
desde que se cruzaron nuestras letras,
el reloj parece que siempre marca la misma hora,
en espera de tu respuesta, en espera de tu aroma.

Se detuvo mi mundo al tocarte,
no eran necesarias las estrellas ante tu presencia,
tan simple que tú eres mi verdad,
si me dices que estás bien, yo te creeré.

Se detuvo mi mundo al olerte,
sin motivo aparente, caímos del mismo lado,
encontré tus ojos, al verlos,
solo pude repetir poemas que nadie más conoce.

Se detuvo mi mundo al escucharte,
guardé tus palabras en mis memorias,
para que jamás salgas de mi mente,
tú eres mi mejor canción.

Se detuvo mi mundo al besarte,
inició mi vida en tus labios,
eres ese suceso que solo pasa,
que solo pasa cuando esa persona es única; tú.


                                                               Paulino Lucas Vázquez.

domingo, 28 de agosto de 2016




El viaje que nunca sucedió



El bello amanecer es cuando sabes que el sol ilumina tu sendero,
día a día, sabiendo que él cruzara sobre tu cabeza hasta el otro extremo.
He visto treinta y siete primaveras, en alguna de ellas tú participaste,
nunca nos dijimos adiós, nunca pensé nunca saber más de ti,
siempre pensando en el viaje postergado que nunca se realizó,

Es bello esperar el atardecer en otoño, cuando la vida ridículamente madura,
tú en tu idioma y yo en la mía nos logramos entender,
nos fuimos de viaje en nuestras mentes y nunca llegamos a nuestro destino.
Por favor, no era para tanto el silencio, no era para tanto el punto final,
¿qué sabremos de la vida si no cruzamos la cuarta puerta?

El bello anochecer es cuando sabes que la luna ilumina tu sendero,
permites darle sentido al trazo de las estrellas,
fue hermoso embriagarnos al compás de nuestra música,
fue hermoso gritar las mismas palabras que no eran nuestras.
Fui yo quien apagó la luz al salir.

Dile adiós a la lluvia,
dile adiós al cigarro,
dile adiós a las calles solitarias,
dile adiós a los corazones rotos,
irónicamente, nunca nos podremos decir adiós.



                                                               Paulino Lucas Vázquez.

domingo, 2 de agosto de 2015

Séptimo día








Séptimo día

El séptimo día apareció,
como un oasis esperado en la semana,
las nubes dibujan todo cuando la imaginación quiere;
él caminaba elegante, entre buena tela y loción.

El séptimo día apareció,
el sol brilla diferente, más luminoso,
traigan almas, dijo el hombre elegante
y cruzado de brazos él ordenó.

Nuestra casa necesita nueva pintura,
la mayoría apoyó la decisión,
vitoreaban el triunfo en el nombre del Todo Poderoso,
finalmente la democracia es de todos.

Tan fácil fue engañar a Eva
pero en mi caso no será así.
La palabra es comedia,
la palabra es de quien la cree.

El séptimo día apareció,
el cielo parece que se abre,
el hombre elegante suma números sin nombres,
el cielo debe llenarse como un estadio.

El séptimo día apareció,
a pesar de la lluvia, es hermoso,
el hombre evoluciona, también quiere que el paraíso evolucione,
el Jordán dejó de ser importante.

La casa era habitada,
esperaban la media noche.
La casa era silenciosa
y ahora las palabras se visten de aplausos.

                                                                             Paulino Lucas Vázquez. 

sábado, 16 de agosto de 2014

El hombre y ella



El hombre y ella



“Soñé que tú existías, en ese breve espacio en donde solemos guardar nuestros deseos, sin saber diferenciar entre la ficción y la realidad, sin embargo, el sentimiento es palpable, verdadero, cierto, tan genuino como tu rostro, bello, atractivo, hermoso, que hace juego con tus ojos adornadas con tu pestañas y cejas.

Si, Soñé que tú existías, tan veraz como tu belleza y el perfume de tu aliento”.

Paulino Lucas Vázquez.



El hombre solía plasmar sus ideas en la roca,
ella, en muchas ocasiones era su inspiración,
el hijo trataba de aprender, los hermanos miraban,
el cincel sonaba y el hombre le dijo a ella,
“soñé que tú existías, soñé que tú existías”.

Ella sonreía a manera de gratitud, mientras
alimentaba a su hijo y hermanos,
el hombre trabajaba para ella y ellos,
habían creado su propio Edén,
ella era amable, ella era muy amable.

El hijo trabajó la tierra, los hermanos miraban,
el fruto creció, ellos comieron,
la amabilidad fue heredada en la
espalda del hijo y ella exclamó,
“todos somos de todos, todos somos de todos”.

Los hermanos repartieron la tierra,
vivieron sobre la espalda amable del hijo,
el hombre lo plasmó en la roca,
los hermanos dividieron los corazones,
ellos destruyeron el Edén, ellos destruyeron el Edén.

El hombre envejeció, ella solía aún estar a su lado,
fueron buenos tiempos hasta que se marchitó la última flor,
el hombre cerró los ojos, ella lo hizo después,
los hermanos siguieron mirando, el hijo plasmó su herencia en la piedra,
“aparté mis ojos para ti, aparté mis ojos para ti”.

Paulino Lucas Vázquez.

martes, 29 de octubre de 2013

Cada detalle de ti




Cada detalle de ti

Cada que les hablo yo de ti, 
mis palabras describen tu ser, 
de los aviones de papel, 
que tus frágiles manos pudieron hacer, 
vaya que, tus frágiles manos pudieron hacer.

 Cada detalle de ti, es lo que les puedo decir.

Algunas veces me siento solo,
de esas veces en que lo creo tener todo,
pienso que a mi lado tú estás,
y mis miedos se me van,
vaya que sí, mis miedos se me van.

Cada detalle de ti, es lo que les puedo decir.

Creo que eres mi cima más alta,
de esas montañas que rebasan las nubes,
te capturaría en una fotografía,
para tenerte siempre frente de mí,
vaya que sí, siempre frente de mí.

Cada detalle de ti, es lo que les puedo decir.

Eres lo que algún día yo creí,
de esos sueños que nunca se harían realidad,
cuando mis oídos escuchan tu voz,
todo mi ser vuelve a vivir,
vaya que sí, todo mi ser vuelve a vivir.

Cada detalle de ti, es lo que les puedo decir.

Cada cosa que tú hagas,
si tú quieres yo también lo podría hacer,
mentir es muy fácil, pero tú eres mi verdad,
así de puro es mi sentir,
vaya que, así de puro es mi sentir.

Cada detalle de ti, es lo que les puedo decir.

                                                      Paulino Lucas Vázquez.




domingo, 25 de noviembre de 2012


Dulce Tierra

Si tuviera yo la respuesta, diría que
nada se perdió, porque en realidad nada fue tuyo.
Ahora, nuestra libertad, que por la sangre nos la dieron,
se siente bien, con muchas ganas de tener un destino,
así como nuestros vecinos, como en nuestros mejores sueños nos la dictaron.

Cada parte de mi carne fluye la dulce tierra,
flotando en el asfalto, flotando en mis memorias,
porque entre los sentimientos se cuelgan en mi cuello
cada que tú tomas mi mano,
y nos miramos preguntándonos ¿Qué sigue?

Noche tras noche, nuestros rumores corren entre las paredes,
allá fuera la bandera ondea en el silencio del viento,
como el silencio de nuestros derechos,
tanto así, como nuestras peticiones son silenciadas por nuestros hechos,
vendiendo el dinero barato al teléfono.

Nunca cortaste la cadena, nunca pretendías morir,
simplemente porque antes de mí ya habías muerto.
Siempre hiciste algunas especies de sonrisas,
dejaste tu cuerpo a lado de la playa, con ello tus huellas,
y el silencio de tu alma, se resume en cinco letras: falsa.

Desde que nuestra campana sonó al amanecer,
abrí mi caja para ti, ¿Qué vas hacer?
¿Es nuestro lado tierno de la historia?
Si tuviera yo la respuesta, diría que,
haz lo que a tu gusto creas conveniente.

                                                                       Paulino Lucas Vázquez.

Buenos cómplices
  
 Margaritas marchitas en el umbral de la sien de la roca.
Luna sombría, nos toma el pelo con su falsa luz en el camino que no hemos trazado.
Sobre las mantas del aliento, aliento soberbio.
Luz sombría en el fuego, silueta que imagina la vida.
Muero en cada atardecer, cuando no estás a mi lado,
viajando en la mente del pasado añorado la vieja mirada hacia el horizonte,
tocando la silueta de tus dedos, escuchando a tus pulmones, atravesando tu alma,
saciando tu sed,
derramando mis lágrimas para hidrartar tu alma.
Vagando en tu cabeza, volteando para saber que existes,
esculpiendo imágenes en mi mente,
esculpiendo nuestros sueños,
mordiendo el cabello, canas de nuevos atributos.
Si alguna vez te he engañado, supongo que sabrás perdonarme.
En el luto de la plaza vacía, ahí estaré,  reclamando lo pertenecido.
Por cada roca, por cada piedra, en sus tierras nos llaman,
nos visitan, nos cantan.
Cada mañana, fielmente repitiendo el mismo sermón.
Así es cómo se manifiesta la nueva luz.
Vaya…¿A quien le importará la nueva luz?
Es el mismo camino de ayer.
Esta es la rota y sangrante vena, que nos tapará los ojos en ella,
cómo anochecer en polvo blanco.
Y cantaremos esa estrofa que tú me enseñaste,
cómo en cada otoño, cómo en cada hoja pisada, no volveré, no volveré.
Y en mi huella sentirás mi presencia, cómo si estuviera apuntándote,
señalándote, sentenciándote, acariciando en tu sombra la poca soberbia.
¡Tú me quieres dar la vuelta! ¡Tú me quieres dar la vuelta!
Puedo intuir lo que piensas, buscas la niebla en el cielo.
¿Sabes lo que yo quiero?, Volabas con la alfombra cómo cada miércoles,
cargando el ataúd, con rosas, blancas, rojas, marchitas, espinosas.
Con todas las voces que tienes, haz contado la historia de nuestras fallas,
de nuestros aciertos y nos dibujas cómo las personas que sabemos extrañar.
Supongo que no estaremos lejos, y aquí he de confesar, que siempre supe de ti.



                                 
                             Paulino Lucas Vázquez.
                                       Guadalupe Aguilar Apanco.